Cada 31 de octubre millones de personas en el mundo celebran una fiesta que habla de la oscuridad y la muerte. En esta “fiesta” no se habla de Jesús, ni de amor. Se hace un elogio a lo macabro y diabólico disfrazándola como un juego. Como Iglesia que creen en un Dios de luz y vida no compartimos esta fecha y creemos que mucho de lo que se hace ese día tampoco agrada a Dios.

Hay que ser Luz

Pudiéramos exponer aquí toda la base histórica y bíblica para convencer de lo malo de este día y del porque no salir a las calles a pedir dulces. O del porque no alentar a nuestros hijos a disfrazarse. Quizá lo hagamos en otra oportunidad.

El asunto es que consideramos que si debemos salir ala calles, proclamar en los parques y abrir nuestro templos en esta fecha. No es tiempo de escondernos. Por que como dice la palabra : “Nadie que enciende una luz la cubre con una vasija, ni la pone debajo de la cama, sino que la pone en un candelero para que los que entran vean la luz.”  Luc 8:16

Como Comunidad Cristiana no compartimos la celebración del halloween. Pero definitivamente creemos que ese día debemos compartir la luz de Jesús. Es un día muy indicado para proclamar que el amor de Dios, que la vida que en Él hay y que su perdón esta al alcance de todos.

Así lo hicimos el pasado 31 de octubre. Creyendo en el lema de “Más reconciliación en Cristo Jesús” quince valientes hijos de Dios salimos a las calles a anunciar la verdad de Cristo.

Para ser luz hay que ser atrevidos.

Tomamos un parlante, habiendo preparado una obra teatral, armados con unas tarjetas y una flecha que señalaba hacia arriba con el nombre de Jesús en ella nos dirigimos al parque central de la localidad de Fontibón. Estando allí hicimos una primera parada, al principio la gente nos rodeo y presenciaron la obra pero en el momento de enviar el mensaje la multitud se dispersó. No obstante oramos por los pocos que se quedaron.

Caminamos en medió de una multitud disfrazada de toda clase de personajes. Algunos macabros. Pero creímos que Jesús nos llevaba allí. Paramos más adelante e intentamos hacer de nuevo la dramatización. El gentío era tal que fue casi imposible.

Parados allí se decidió entregar un dulce y una tarjeta que invitaba a la gente a la reconciliación en Cristo Jesús. Algunos se acercaron por el detalle y otros pidieron la tarjeta como tal. Acabados los dulces seguimos caminando.

Un hermano de la congregación se adelanto con la flecha y el parlante con música a todo volumen con canciones que hablaban de Jesús. En este momento algunos de los participantes sentimos la presencia de Jesús. Sabíamos que el iba caminando entre nosotros. Los transeúntes miraban extrañados, otros reían, otros nos felicitaban. En esos poco metros supimos que hacíamos lo que teníamos que hacer colocar el nombre de Nuestro Señor en alto. Ser Luz con Jesús.

El Señor salió a las calles, caminó entre la gente común, entre los considerados impuros y pecadores. Llevó su palabra al mundo y con su luz abrazo a los que le recibieron. Como iglesia debemos hacerlo y aún más cuando hay un mudo que vive necesitada de Cristo.

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